sábado, 18 de agosto de 2018

A quince años de “Pecadores”

Reproducción TVN.
La historia original de Alejandro Cabrera y Larissa Contreras debutó el lunes 18 de agosto del año 2003 y se ubica entre las teleseries más extrañas de la televisión chilena. Apostando al realismo mágico, la trama trascurre en El Edén, un pueblo dedicado al negocio de la muerte. A diferencia de sus antecesoras, la ficción de TVN que se grabó en el fundo San Miguel de Colina compitió con el primer alargue de una teleserie, de esta manera se enfrentó la etapa final de “Machos”.

“Pecadores”, escrita por Alejandro Cabrera, Arnaldo Madrid, Larissa Contreras, María José Galleguillos y Daniela Lillo, y dirigida por María Eugenia Rencoret, Víctor Huerta, Enrique Bravo y Rodrigo Velásquez, contó con la producción general de Pablo Ávila, la producción de Vania Portilla y las actuaciones de Jaime Vadell, Álvaro Rudolphy, Francisca Imboden, Benjamín Vicuña, Ángela Contreras, Luciano Cruz-Coke, Gloria Münchmeyer, Mauricio Pesutic, Francisco Pérez-Bannen, Sigrid Alegría, Coca Guazzini, Anita Reeves, Malucha Pinto, Edgardo Bruna, Patricia López, Catalina Guerra, Alejandra Fosalba, Gabriela Hernández, Marcelo Romo, Luis Gnecco, Claudio Arredondo, Paola Volpato, Carmina Riego, Paola Giannini, Iñigo Urrutia, Andrés Velasco, Claudio Olate, Fernando Farías, Grimanesa Jiménez, Ricardo Pinto y María Cristina Peña y Lillo.

La historia
Simón (Álvaro Rudolphy) y Lola (Francisca Imboden, amantes y cómplices, se hacen pasar por hermanos. Ellos junto al Piruja (Benjamín Vicuña), el hermano menor de la mujer y que se hace pasar por cura, se dedican a estafar pueblos sin iglesia ni sacerdote, ofreciendo servicios religiosos en cada pueblo visitado. Así cobran por bautizos, matrimonios, confesiones, extremaunciones y primeras comuniones con el pretexto de que todo el dinero recaudado irá a un fondo destinado a construir la iglesia del pueblo en cuestión, lo que, por supuesto nunca ocurre, pues los tres pillos saben huir en el momento adecuado con los bolsillos llenos, dejando tras de sí el desconsuelo y la rabia de los fieles parroquianos estafados.

En esta ocasión, y luego de un viaje bastante extenso por el país, estos tres delincuentes llegan a un pueblo cordillerano llamado El Edén. Aquí el primer trabajo del Piruja, que se presenta como un sacerdote de tomo y lomo, es darle la extremaunción al poderoso Dionisio Cienfuegos (Jaime Vadell), sin embargo, el que parecía un hombre muerto vuelve a vivir cuando ve a Simón y Lola, cree que sus hijos cuyo paradero desconocía han vuelto para acompañarlo. Al enterarse que estos recibirían una suculenta herencia, la pareja de estafadores opta por tomar las vidas de Santiago y Elisa. Lo que no saben es que es en esta localidad donde el destino les tiene preparada una desquiciada sorpresa. Y es que El Edén es un pueblo maldito. Un pueblo, de esos donde pasan cosas raras, donde hay plagas y hambrunas; y se cuentan historias del diablo. Lo peor de todo es que lo que se dice y lo que se ve sucede.

Los personajes
Dionisio Cienfuegos (Jaime Vadell) de sesenta y nueve años es un emprendedor empresario funerario que llegó a El Edén hace cuarenta años en busca de nuevos horizontes acompañado de su esposa, Eva, a quien amaba con locura. La felicidad de la joven pareja fue coronada con el nacimiento de sus dos hijos Santiago y Elisa. Todos los días Dionisio agradecía a dios por las bendiciones que le había regalado. Más aún cuando por gracia o desgracia, en el pueblo vecino comenzaron las irreconciliables disputas entre familias y narcotraficantes que daban como saldo uno o dos muertos cada semana, haciendo que la Funeraria Cienfuegos surgiera y hasta se enriqueciera. Todo era armonía y felicidad, hasta que la muerte vino a desbaratar a su familia. Una bala loca producto de una de las riñas del pueblo vecino cobró la vida de Eva, mientras protegía a sus hijos. Dionisio casi enloqueció de pena, se sintió traicionado por dios y en ese momento abjuró de él y de todo lo sagrado, porque todo lo sagrado se fue con Eva.

Simón Valladares (Álvaro Rudolphy) es un atractivo y carismático pillo de treinta y cinco años que se gana la vida estafando incautos en pueblos de provincia junto a su amante Lola y su futuro cuñado, el Piruja. Simón es la lumbrera de una familia con historial delincuencial, pues él tiene clase. Apuesto, divertido, seductor con gran capacidad para expresarse verbalmente, es el líder natural e intelectual de la banda. Son estas cualidades las que sedujeron rápidamente a la mujer, quien fuera la secretaria de gerencia de una empresa que arrienda maquinaria pesada en Temuco, a la cual él estafó. Cuando la muchacha se dio cuenta de que había sido parte de una estafa, él le pidió que dejara todo y lo acompañara. Ella no lo dudó un segundo, abandonó su casa, trabajo, padre y madre por este hombre romántico y apasionado que le ofreció vivir su amor en plenitud al margen de las leyes y lo establecido. Sus planes son dar un gran golpe y retirarse de las pistas para siempre con el objeto de vivir tranquilos y felices luego de arrancar a la Argentina. Para ello cuenta con el irrestricto apoyo de su banda. Su principal amenaza la constituyen Rigoletto y Aída, quienes pretenden a toda costa, desenmascararlos para expulsarlos del lugar y recibir la totalidad de la herencia de su patrón.

Dolores Barriga (Francisca Imboden), Lola, tiene treinta y dos años y es la novia de Simón y hermana del Piruja. Junto a ellos forma una banda de delincuentes profesionales. Lola era la eficiente y abnegada secretaria en una empresa que arrendaba maquinaria pesada, a la que Simón estafó. Para ello tuvo que lograr la confianza de esta atractiva secretaria que no tardó en enamorarse perdidamente de este galán encantador y buenmozo que vio en ella la compañera perfecta pues su aspecto dulce e inocente sería un estupendo gancho para los negocios. Tan grande fue la atracción que sintió por él que se dejó llevar sólo por su pasión y aceptó la descabellada propuesta que él le hizo cuando descubrió la verdadera personalidad de Simón: huir con el botín de la empresa y vivir su amor fuera de la ley. Lola abandonó todo, su casa, su madre y padre y a Rorro, su prometido a quien dejó prácticamente plantado en el altar y a quien recuerda de vez en cuando con lástima. Sus padres aún esperan que vuelva.

Herodes Barriga (Benjamín Vicuña). A sus veintinueve años, el Piruja cuenta con un sin número de delitos y fechorías menores por los que ha tenido que pasar breves temporadas en la cárcel: hurtos de carteras, riñas callejeras y robos de limosnas en la iglesia. La oportunidad de ascender en la vida, se la procura Simón, cuando le ofrece integrarse a la banda de la que su hermana Lola ya es parte. Es el dolor de cabeza de su madre, quien trató de encausarlo muchas veces sin ningún resultado. Cursó sólo enseñanza básica en el colegio, el cual abandonó por vivir una vida más libre en las calles. Incrédulo, impulsivo, pillo, mentiroso, fresco, piensa que se las sabe todas, aprendió de la calle todo lo que sabe de la vida. Viste jeans ajados, poleras recortadas, corte de pelo reconocible en un joven de población y una pequeña cicatriz que atraviesa su frente, como un emblema de luchas callejeras, lleva también grandes y vistosas zapatillas luminosas que debe esconder bajo la sotana al llegar al Edén. Pero detrás de su apariencia de choro de la pobla, se esconde un gran corazón y una generosidad innata, adora a su hermana a quien protege por sobre todo y tiene un gran sentido de la solidaridad.

Altagracia Pérez Pérez (Ángela Contreras) tiene treinta y tres años y es hija de Úrsula y Dionisio. Él nunca la reconoció como tal hasta ahora. Circula en el pueblo la historia de que es la novia del diablo, pues los rumores dicen que ha tenido encuentros con él. Mucho del mito, tiene que ver con su personalidad extravagante, ingenua, despreocupada y por sus extraños arranques que el pueblo atribuye a que está poseída. Exhibe doble personalidad: de día es una angelical niña, pero de noche se convierte en una muchacha desenfadada, capaz de cualquier locura. Su madre, la adora y la cuida por sobre todas las cosas, pero ella logra escaparse durante ciertas noches, después de las que vuelve sin recordar nada. Es una de esas noches en las que conoce a Simón, quedando él prendado de esta muchacha de una belleza casi sobrenatural, alocada y traviesa. Ella es la única en reconocer que Simón no es Santiago Cienfuegos, lo que crea una gran complicidad entre ellos, y por parte de él una suerte de dependencia, lo que poco a poco irá derivando en una pasión que pondrá en peligro su relación con Lola. Pero la llegada del abogado Angello Botero al pueblo, el enviado de Luis Tiznado, su prometido millonario, pone en jaque a la muchacha y a su atribulada madre. Angello no tardará en enamorarse perdidamente de esta bella muchacha, por lo que deberá debatirse entre sus sentimientos y su deber para con su jefe.

Angello Botero (Luciano Cruz-Coke) tiene treinta y cinco años y desde que se tituló con honores en la universidad de Chile, se ha desempeñado como abogado en diversos trabajos y últimamente en un importante bufete de Santiago. Es un hombre trabajólico, inteligente, diligente y correcto, para él su profesión es muy importante y realizar su trabajo es cuestión de vida o muerte. Tiene muy en alto la ética profesional y sabe que como abogado éste es su estandarte. Es por eso por lo que muchas veces ha tenido problemas con sus colegas, pues, según él, los abogados de hoy acomodan las leyes a su favor. De aspecto pulcro, ordenado, elegante, con estilo, es el que presenta más contraste al arribar a El Edén. Para él este es un pueblecito de provincia, aislado y lleno de irregularidades que él deberá pasar por alto si quiere realizar el misterioso trabajo al que se le ha enviado.

Úrsula Pérez (Gloria Münchmeyer). De sesenta y nueve años, es hermana de Sofanor y madre de la hermosa y misteriosa Altagracia. Desde muy joven se ha ganado la vida vendiendo sus prestigiosas empanadas a las cuales llama las inolvidables. Famosa por su buena mano, surte al bar quitallanto de su hermano y exporta al belicoso pueblo vecino. Es una mujer sencilla y vive feliz junto a su hija a quien adora por sobre todas las cosas del mundo. Este gran amor reviste también un gran sufrimiento. Siente terror de perder a Altagracia, pues está segura de que su padre, Dionisio, se la entregó al diablo al hacer un pacto con él y que vendrán a buscarla la próxima noche de San Juan. La historia se remonta hace casi treinta años atrás. Siendo muy joven, cayó en los brazos del, en ese entonces, seductor Dionisio. Ella se dejó llevar por sus encantos, y a pesar de saber que estaba casado y que tenía dos hijos, se entregó a él. Fruto de esta pasión ella quedó embarazada.

Rigoletto Morandé (Mauricio Pesutic) tiene cuarenta y cinco años y es el mayordomo de la casa Cienfuegos, hombre de confianza de Dionisio, enterrador de muertos. Hombre contrahecho físicamente, de carácter duro y por, sobre todo, gran profesional. Llegó a la casa muy niño. Viene de una familia de mayordomos, y como ellos tiene todas las características clásicas de un profesional de esa especie. Serio, taciturno, diligente, obediente, su vida es su trabajo. En su genealogía figuran grandes mayordomos de la historia, tanto en el país como en Europa. Se cuenta que en alguno de sus ancestros se basó Agatha Christie para escribir sus novelas policiales. Sin embargo, él es muy diferente a los de su estirpe, pues tiene un defecto físico que lo define: una descomunal joroba que da a su aspecto un toque de monstruosidad y truculencia. Él dice que es el castigo que dios le envió a su madre por haberlo concebido con el hijo de uno de sus patrones. Este defecto físico que lo hace parecer abominable ha sido desde siempre su cruz. Su complejo lo ha llevado a ser cerrado, de mal genio, difícil de carácter. Su más grande sueño, es obtener la herencia de Dionisio, para, con el dinero, buscar un buen médico que le opere la joroba, y convertirse en un hombre derecho.

Radamés Pérez Soto (Francisco Pérez-Bannen). El hijo de Sofanor y Amelia tiene treinta y dos años. Lo único bueno de la separación de sus padres es haber tenido como hermanos a Julita y a Romilio. Pero no fueron muchos años los que compartió con ellos, porque nunca pudo superar la separación de sus padres primero y las constantes peleas por el negocio después, así que se independizó y se fue a vivir al altillo del taller de ataúdes. Es incapaz de comprender cómo el amor se puede acabar de un día para otro. Hasta el día de hoy es incapaz de comprenderlo y está convencido de que a él no le pasará lo mismo con Elisa, su amor de niñez. Y cuando Lola llega al pueblo convertida en Elisa, siente que es la mejor prueba de que no está equivocado, si Elisa volvió es totalmente seguro que él va a tener un destino mejor que sus padres.

Rebeca Flores Corona (Sigrid Alegría). Esta intensa joven de veintiún años, hija de Armando y Lila, se dedica a maquillar muertos en la funeraria de Dionisio. Es extraña, misteriosa y gótica. Siempre está vestida de negro y maquillada con blanco, usa pantalones strech y enaguas negras, siempre lleva colgado un crucifijo al revés y se maquilla una mordedura de vampiro en su cuello, ella dice que es la amante de Drácula. Es extremadamente rebelde frente a sus conservadores padres a quienes saca de quicio con sus oscuras ocurrencias. Se enamorará del cura por molestar a sus padres en un principio, pero luego esta pasión se afianzará con verdad en su atolondrado corazón. Llegará al extremo de querer tener un hijo con el curita Benigno, sus padres casi se morirán de la impresión e insistirán en que ella se prepare para hacer la primera comunión. Con el buen consejo del padre y sus sabias reflexiones, esta niñita podrá enmendarse, piensan sus padres. A esta catequesis irá siempre acompañada por su madre que no la dejará ni a sol ni a sombra con tal de que no empiece con sus imprudencias con el Piruja. Sabe hacer maravillas con su caja de maquillajes, es capaz de dejar a los muertos con veinte años menos cuando son mayores y resaltar con belleza los rasgos de los occisos en general.

Amelia Soto (Coca Guazzini) es socia y fundadora del Toro Quitallanto, madre de Radamés y Julita. De cincuenta años, separada de Sofanor hace veintidós años. Tuvo un hijo con él, Radamés. Se casó muy enamorada de Sofanor y en contra de la opinión de su familia, que consideraba que el joven no iba a llegar nunca a ninguna parte. Pero ella confió y mientras el hombre probaba en uno y otro trabajo, ella, para tener algún ingreso, abrió un pequeño boliche que ofrecía comidas y bebidas al paso para arrieros que venían o iban desde o a Argentina. El negocio sirvió para que la familia no pasara hambre los primeros años y cuando lograban tener alguna ganancia Sofanor la invertía en algún nuevo proyecto para que la familia siguiera adelante. Los proyectos siempre fracasaron, pero a Amelia no le importaba, mientras su boliche siguiera dándoles que comer, ella era feliz.

Gloria Torres (Anita Reeves) tiene cuarenta años. Esta talentosa llorona está casada con Caronte y es madre de Celso, su único hijo que ha heredado su gran histrionismo para llorar en los entierros del Edén. Ella no comparte la vocación de su hijo, insiste que es un oficio de mujeres y jamás dará su brazo a torcer, por lo tanto, le tiene terminantemente prohibido llorar en público, incluso por temor a que su hijo opaque al resto de las lloronas. Participará activamente de las renovaciones que pretende hacer Magdalena en el ámbito de la escuela de llanto. Se casó con Caronte cuando ya estaba embarazada y la verdad es que nunca se ha acostado con este misterioso chofer. No hay química entre ellos, pero eso no es impedimento para que ella fantasee con las dotes amatorias de su marido. Siempre está carteleándose delante de Paz por las excentricidades que hace con Caronte de noche y de día.

Laura de Pérez (Malucha Pinto). Con cuarenta y nueve años es la segunda mujer de Sofanor, madre de Romilio. Desde niña tuvo claro lo que quería ser: señora. Pero la vida se encargó de demostrarle lo contrario y por dificultades económicas de su familia no le quedó más remedio que emigrar al próspero pueblo de El Edén, pueblo que Dionisio había hecho surgir. Los primeros tiempos ahí fueron difíciles, no le quedó más remedio que emplearse en casa de la señora Amelia. Era una buena mujer, aunque algo exigente con lo que tenía que hacer, cada noche se encargaba de revisar cada centímetro de la casa para ver si había algo de polvo acumulado. Por suerte para ella don Sofanor era distinto, al caballero no le preocupaban esos detalles porque se lo pasaba en cama. De tanto atenderlo se fue enamorando de él y soñaba con ser como Amelia. Pero los sueños no le bastaban, ella quería ser la señora y decidió que iba a lograr que el caballero se enamorara también de ella.

Sofanor Pérez (Edgardo Bruna) es el otro socio y fundador del Toro Quitallanto, tiene cincuenta años y es padre de Radamés y Romilio. Se enamoró de Amelia cuando estaba por repetir por tercera vez el segundo medio. Ella se acercó una tarde que lo vio llorando a escondidas en el liceo. Él le contó que su llanto era de angustia, por repetir una vez más el segundo medio. Amelia, mejor alumna de su generación y que estaba en cuarto medio, se propuso ayudar al muchacho. Y entre repaso y repaso Sofanor terminó locamente enamorado y no le importó que su familia estuviera en contra de que se quisiera casar tan joven con una mujer mayor.

Miranda Ahumada (Patricia López) tiene treinta años y es ciega de nacimiento. Es buena de adentro, incapaz de sentir la maldad en nadie. Fue criada por la vieja Mercedita, una señora que se hizo cargo de ella cuando la encontró en la puerta de la iglesia abandonada de La Quebrá del Ají. Es muy atractiva, pero es inconsciente de ello porque Mercedita siempre se las arregló para mantener alejados de ella a los rufianes del pueblo. Si Mercedita hubiera vivido muchos más años, Miranda habría terminado su vida en completa tranquilidad, pero la mujer era muy vieja y, además, murió de forma violenta por culpa de una bala loca producto de una riña de mafiosos en el pueblo.

Sofía (Catalina Guerra) tiene treinta y cinco años y es una mujer nacida en El Edén y criada con la idea de que sólo puede realizarse a través de la maternidad. Cuando conoció a Eleuterio, sólo alcanzaron a tener un breve pololeo puesto que ella de inmediato se embarazó y debieron casarse. Toda la pasión y el romance que hubo en los breves días de soltería de la pareja se fue apagando poco a poco por la gran responsabilidad que tuvieron que afrontar cuando creció la familia. Esto debido a que Sofía, supuestamente a pesar de tomar todas las precauciones por evitarlo, se embaraza una vez al año. A su edad, ya tiene siete niños, entre ellos mellizos. La maternidad le resulta algo fascinante, una compulsión que no puede detener. Para lograrla, está todo el tiempo acosando sexualmente a su marido, aunque ella está convencida de que es él quien la busca.

Filomena (Alejandra Fosalba), de treinta y siete años, nació en un desolado y tranquilo pueblo cordillerano. Hace algunos años decidió bajar hasta El Edén con el firme propósito de perpetuar su apacible vida, pero al lado de un hombre con quien pueda formar una familia. En la empresa de Dionisio encontró un empleo tranquilo como cuidadora del cementerio durante el día. Su labor es simple: mantener limpio el lugar, no permitir ningún tipo de disturbios o anomalías en un espacio que debe estar destinado al reposo eterno. Cuando Filomena vio por primera vez al nochero del cementerio, supo que aquél era el trabajo perfecto para sus propósitos. Aquél hombre, joven y tranquilo, resultó desde un principio un candidato ideal. De inmediato se propuso conocerlo, consciente de que sólo cuenta con los pocos minutos que dura el cambio de turno para intercambiar algunas palabras con él: Filomena no desperdició ni uno de estos sagrados momentos para acercarse a él. Una noche en que le llegó a ella el turno de entregar las llaves nuevamente al nochero, le preguntó su nombre: Erasmo.

Lila Corona de Flores (Gabriela Hernández) tiene cuarenta y dos años. Devota y beata, es la encargada de mantener el huerto con que se provee el negocio de las coronas. Es experta en flores y se dedica con esmero junto a su marido a realizar los arreglos florales tanto para los entierros como para los bautizos, matrimonios y otros eventos sociales de El Edén. También toca la guitarra y canta en la Iglesia acompañada por su esposo Armando, quien toca el acordeón. Es absolutamente fanática e hincha de dios, usa siempre al cuello un enorme crucifijo y un fino rosario bendecido por el mismísimo Papa. Aparte de su devoción por dios ella también ama devotamente a su hija Rebeca, y espera para ella un futuro plácido y en el encuentro permanente con la fe. Es pacata y reprimida, nunca se ha expresado libremente por temor a dejarse seducir por sus verdaderos sentimientos.

Armando Flores (Marcelo Romo). Este hombre es la imagen misma de la perfección y de las buenas costumbres. Tiene cuarenta y cinco años y es absolutamente observante de la fe católica y devoto de la virgen del Carmen, se esmera en realizar las coronas de flores para el negocio de don Dionisio con actitud casi mística. Es pulcro, tal vez demasiado prolijo, sin un pelo fuera de lugar, posee uñas esmeradamente limpias y una vestimenta siempre negra y elegante. Es el orador oficial en los entierros y toca el acordeón junto a su mujer Lila. Desde el arribo al pueblo del cura Benigno su único horizonte es colaborar con él en la evangelización de El Edén. No sospechará ni por un minuto que las limosnas que ayuda a recoger forman parte del fraude de la banda de pillos formada por Simón, Lola y el Piruja.

Reinaldo (Luis Gnecco). Desde los diez años desempeña uno de los roles más ingratos del pueblo: ofrecer servicios funerarios a familias que han sufrido una pérdida. El hombre de treinta y ocho años es el buitre de la funeraria Cienfuegos y ejerce su oficio con maestría. Nadie se explica cómo es capaz de llegar antes que cualquier otro buitre a brindar los servicios de la empresa a la que pertenece. En verdad, lo que asusta a muchos es que Reinaldo ofrece su tarjeta de presentación a personas que aún no han muerto y que en un par de días mueren inexorablemente. Para muchos esto es sólo casualidad, para otros es él quien trae la mala suerte. Lo cierto es que esto provoca que la gente le rehúya constantemente en la calle. En verdad, Reinaldo es poseedor de lo que él califica como un don: él recibe súbitos presagios que lo hacen visualizar al próximo muerto que habrá en diez kilómetros a la redonda.

Eleuterio (Claudio Arredondo) es el dueño del sacapuros del pueblo. Tiene cuarenta y siete años, es esposo de Sofía y padre de siete hijos. Su negocio le da a duras penas lo necesario para criar a su gran prole. Debe trabajar muy duro para poder llegar a fin de mes. Tal como dice Sofía, la vida le dio siete bendiciones, y él no sabe si en realidad se trata de un castigo. Desde siempre fue un hombre trabajador, esforzado y responsable. Ama a su familia, sin embargo, siente que su relación de pareja está en picada, pues la única preocupación de ella está en sus hijos que la requieren por tiempo completo, sobre todo ahora que los mellizos están pequeños. Eleuterio está agotado, duerme en cada esquina de su casa y a veces hasta hace un arito en la calle para dar una pestañeada. Cada vez que quiere organizar algo romántico con Sofía, todo se desbarata, pues siempre surge un imprevisto con los niños. No tiene ningún momento de tranquilidad, pero al contrario de Sofía, se da cuenta de lo que pasa y añora los años de juventud cuando podía salir con libertad, ir por las noches a tomar algo por ahí, disponer de su tiempo, lujos que hace años que no se puede dar.

Aída Echeverría (Paola Volpato) tiene treinta y siete años y es la ama de llaves de la casa de Dionisio y cómplice de Rigoletto. Es una mujer taciturna, decidida, perfeccionista y profesional. Desde los diez años que vive en la casa a cargo de las labores domésticas, luego de que Belice, la antigua empleada fuera despedida por extrañas razones que Rigoletto nunca ha querido profundizar. Aída tiene grandes aspiraciones, pues ella tiene un talento que en ese lugar aún no se aprecia demasiado: tiene una voz privilegiada que luce una vez por semana en el quitallanto del pueblo o en algún sepelio importante. Soñaba que cuando Dionisio muriera, tal como les había prometido, les dejaría a ella y a Rigoletto toda su herencia. Esta herencia ella la ocuparía para viajar por el mundo en busca de oportunidades para cultivar su privilegiada voz. Pero ocurre un imprevisto, justo antes de morir, aparecen en el mapa los dos hijos desaparecidos de su patrón, lo cual le impide recibir el dinero que ambos creen que por todo lo que han hecho, tienen muy bien merecido.

Lucrecia (Carmina Riego), de treinta y siete años, es una mujer voluptuosa y alegre que llegó hace ya varios años a El Edén para ejercer la profesión más antigua del mundo. Desde un principio sus clientes no sólo fueron habitantes del pueblo, sino que también viudos, familiares y amigos de los difuntos, ávidos de consuelo. Pronto, su negocio se convirtió en unos de los más fructíferos del pueblo y la mujer pudo comprar una enorme casa con varias habitaciones que habilitó como pensión. Y aunque los ingresos de este lugar le habrían permitido dejar de ejercer como prostituta, siguió adelante en su rol de meretriz por simple vocación. En un pueblo que vive de la muerte, Lucrecia siente que cumple con una labor alegre y reconfortante ofreciendo su arte amatorio. En cuanto a la funeraria de Dionisio, la mujer ofrece allí sus hermosas velas hechas por ella misma.

Magdalena Epifanía Solís (Paola Giannini). Sobrina de Paz, es la más joven de las aspirantes a lloronas que hay en la escuela de lloronas de El Edén, tiene veintiún años, pero es lejos la más talentosa. Posee un carácter alegre y extrovertido que renovará el estilo de Gloria y Paz que son más enchapadas a la antigua. De pequeña siempre le dijeron que era histriónica y buena para llorar y está convencida de que nació para eso. Dejó todo atrás: familia, pololo, amigos para realizar el sueño de su vida, llorar profesionalmente y que le paguen por eso. Es auténtica, espontánea, trabajólica y tenaz con lo que se propone, ella pretende revolucionar el mundo de las lloronas y lo conseguirá mediante nuevos atavíos y nuevas técnicas. Se convertirá en la primera diva del pueblo. Cuando llegue el Piruja se sentirá inmediatamente atraída por él, no disimulará sus sentimientos y tratará por todos los medios de conquistar al curita. Los problemas empezarán cuando se dé cuenta de que no sólo ella está interesada en el padre Benigno sino también Rebeca, entonces comenzará entre ellas una guerra sin cuartel.

Romilio Pérez (Iñigo Urrutia) es hijo de Sofanor y Laura, y medio hermano de Radamés. Tiene veinte años y trabaja como garzón en el negocio familiar. La natural antipatía que sentía su madre por Amelia y su hija hizo que desde muy niño tampoco las quisiera demasiado. Durante toda su niñez se lo pasó peleando con Julita y las cosas siguieron así durante un breve tiempo de la adolescencia, porque fue entonces cuando en una de las típicas luchas que tenían, terminaron besándose. Estuvo como dos meses escapando de Julita y cuando se volvió a encontrar a solas con ella supo que lo que le pasaba era irremediable, amaba a la hija de la primera mujer de su padre. Vivió con ella un amor oculto, aprovechando cada momento para verla a solas. El abuelo de Julita, Bernabé, fue el primero en descubrirlos, pero al señor pareció no importarle demasiado y los instó a que dijeran lo que les pasaba a sus padres. No se atrevió, no mientras Julita todavía fuera menor de edad para poder casarse con ella y presentar hechos consumados.

Bienvenido Pereira (Andrés Velasco) vive en las montañas. De veintinueve años, se dedica a criar cabras y a preparar sus derivados, tales como el queso y la leche. Muy de vez en cuando baja a vender estos productos a El Edén. Es huraño, hosco, salvaje, poco instruido, hombre de pocas palabras, a veces sólo una, la necesaria para que lo entiendan. Acostumbrado a vivir entre animales, no le interesan las relaciones personales con la familia ni con otras personas. Mandado a llamar por Amelia para conquistar a Julita, llega a vivir al gallinero de la dama. Conoce todas las señales de los animales, sabe imitar gallos, lechuzas, pumas y otros animales salvajes a la perfección. Viste con ropa hecha artesanalmente, muy básica, resistente para la vida salvaje, que no se cambiará nunca. No le importa en absoluto alterar su estilo de vida, el único que conoce. Desde niño aprendió a vivir sin ninguna regla y descubrió que el fuego quemaba porque su madre no hizo el menor intento por impedirle acercarse a él.

Celso Tapia (Claudio Olate) tiene veinte años y es el hijo único del matrimonio compuesto por Gloria y Caronte, que en realidad no es su padre. Desde muy pequeño, el chico Tapia sintió fascinación por el oficio de su madre como llorona. Deseoso de aprender este arte, comenzó a presenciar sus ensayos y a asistir a los talleres para introducirse al fabuloso mundo del llorar. Pero tanto para Gloria como para cualquier llorona profesional, este es un oficio sólo para mujeres y la razón es irrefutable: los hombres no lloran. Para alejarlo de lo que ellos catalogan como trabajos femeninos, sus padres lo han forzado a desempeñarse como carpintero en el taller de ataúdes a cargo de Radamés. Y aunque ejerce correctamente su rol como tallista de maderas, su sueño de ser un verdadero artista del llanto no ha cesado.

Caronte Tapia (Fernando Farías), de cuarenta y dos años, es el chofer de la carroza fúnebre en el negocio de la funeraria Cienfuegos. Está casado hace más de veinte años con Gloria. Se supone que es el padre de Celso, pero la verdad es que ella ya estaba embarazada cuando se casaron. Es un hombre misterioso, enigmático y reservado, siempre viste de levita negra y usa lentes negros porque es fotofóbico. Parece sacado de alguna vieja película de terror. Gloria permanentemente está alabando sus dotes de amante, pero la verdad es que este extraño personaje nunca se ha acostado con ella.

Paz Pino (Grimanesa Jiménez). La tía de Magdalena tiene cincuenta años y es la más vieja de las lloronas y la más jodida también. Tiene mal humor, es rezongona y cascarrabias. No tolera el modernismo de ninguna especie, para ella las misas todavía deberían ser en latín. Vive con Gloria, Caronte y Celso en la casa donde además tienen la escuela del llanto. Es absolutamente enchapada a la antigua si se trata de la tradición de ser llorona. Es la encargada de traspasar los conocimientos heredados de generación en generación y que la convierten en una eximia exponente del arte de llorar. Tiene problemas generacionales con su sobrina, no acepta sus ocurrencias modernizadoras y su afán por convertir el oficio de llorar en una profesión glamorosa y top. Se avergonzará de ella cuando comience a recibir autógrafos en la calle, pero también vivirá en carne propia las seducciones de ser una estrella.

Erasmo (Ricardo Pinto). Con treinta y seis años, es oriundo del belicoso pueblo vecino. Por años su familia se vio involucrada en constantes disputas territoriales de los que este joven pacifista intentaba desesperadamente mantenerse al margen. Hasta que un día, tres hombres atacaron violentamente su casa. Él, desesperado por salvar a sus padres y hermanos, tuvo la terrible desgracia de defenderlos de los cuatreros dándoles muerte en defensa de su amenazada familia. Los tres atacantes fueron enterrados en el cementerio de El Edén. Erasmo está consciente de que su acto fue en defensa propia, pero aun así la culpa jamás logró abandonarlo y decidió que, para poder expiar este dudoso pecado, debía cuidar las tumbas de quienes resultaron muertos en sus manos. Así se hizo cargo de la labor de nochero en el cementerio. Por años ha cuidado del lugar y en especial de las almas de los tres delincuentes, abandonando así la vida violenta de su tierra y entregándose a una vida en completa soledad. Por la noche, trabaja sin tener a nadie con quien hablar, mientras que durante el día duerme.

Julita Herrera (María Cristina Peña y Lillo). Hija de Amelia y Rodolfo. Medio hermana de Radamés. Tiene diecinueve años y trabaja también en el negocio familiar. Su padre murió hace unos tres años. Ama a Romilio desde siempre y para poder estar cerca de él siempre se las arreglaba para buscarle pelea; era la única manera que tenía para que Amelia le permitiera estar con el hijo de su rival. Su mayor anhelo es poder casarse y que las peleas entre ambas familias terminen para poder vivir en paz. Es muy decidida y está dispuesta a todo para lograr su meta, ni siquiera la muerte de su abuelo le impide seguir tratando de escapar con Romilio. La llegada de un cura al pueblo es para ella una señal de que las cosas empezarán a cambiar para bien en su vida y está segura de que no le costará mucho convencer al padre Benigno para que la case en secreto con Romilio.

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